La bienvenida

La bienvenida

Olivia
Estás aquí. Siempre estuviste aquí, pero ahora es 100% real: estás aquí. Todavía te veo y no puedo creer que seas mía y que hayas estado dentro de mí por tanto tiempo. Como todo lo relacionado contigo, tu entrada al mundo fue tan sorpresiva y cargada de tantas anécdotas que sería imposible redactarlas todas sin hacer un post larguísimo, infinito y eterno. Lo más importante que tienes que saber es que una consulta de rutina que coincidió con la feliz llegada de tus abuelos un par de días antes se convirtió en un rush de emociones después de que la obstetra nos confirmara que, contra todo pronóstico, ya tenía 4 centímetros de dilatación y estaba en  pleno trabajo de parto. ¿Mi reacción? Arrepentirme de no haberme arreglado el cabello el día anterior y suplicar por un par de horas para regresar a casa y tratar de dominar la montaña greñuda en la que estaba convertida mi cabeza. Estoy segura de que te reirás mucho con esto, pequeña, pero en mi tembloroso cerebro no cabía la idea de conocerte luciendo como la versión latina del león de El Mago de Oz. Lo que pasó a continuación fue un torbellino de prisas, risitas nerviosas, mucha oxitocina, dolorosas contracciones, un playlist de los Beatles (fue lo único que se me ocurrió) y las horas más curiosas de mis cortos 29 años de vida. Después de luchar contra el dolor, suplicar pedir una epidural y un estancamiento del trabajo de parto a los 8 centímetros, mi tensión arterial decidió dispararse por las nubes y tuve que rendirme a la idea de que nacieses por cesárea. Aunque, tengo que confesar, después de casi ocho horas de intenso trabajo de parto, una ruptura de fuentes que casi causa un desmayo de tu papá y pare usted de contar, la cesárea no sonaba tan mal después de todo. Y fue así como naciste, mi pequeña, a las 10:26 de la noche del viernes 24 de noviembre, en pleno frenesí de Black Friday, trayendo contigo la paz que el significado de tu nombre tanto promete: con 54 centímetros y 3,290 kg de la magia más pura, y un par de manos que vienen a acompañar las mías en este largo camino que ahora emprendemos juntas.

 

Welcome

You are here. You’ve always been here, but now is 100% real: you’re here. I still look at you and cannot believe you are mine and that you were inside of me for that long. Like everything related to you, your entrance to the world was as surprising and filled with that many anecdotes that it would be impossible to write them all down without ending up with a long, endless post. The important thing you have to know is that a rutine checkup that coincided with the happy arrival of your grandparents a few days earlier ended up being a rush of emotions after my OBgyn suddenly announced that I was 4cm dilated and on full labor mode. My reaction? Regretting not doing my hair the night before and beg for a couple of extra hours before being admitted to fix the hairy mountain my head had turned into. I’m sure someday you’ll laugh a lot with this, little one, but in my head, I couldn’t even think of us meeting with me looking like the latin version of the Wizard of Oz lion. What came next was a whirlwind of hurry, nervous giggles, lots of oxytocin, painful contractions, a Beatles playlist (it was the only band that I could think of at the moment) and the most curious hours of my short 29 years of existence. After struggling with the pain, begging asking for an epidural and getting stuck with labor at 8 centimeters, my blood pressure decided to go up through the roof and I had to surrender to the idea of a C-section. Although, I have to confess that after almost eight hours of intense labor, having my water broken (the vision of which almost caused your daddy a stroke), a C-section didn’t sound that bad after all. And that was how you were born, my little one, at 10:26 of the night of November 24th, in the middle of the Black Friday frenesy, bringing with you the peace that the meaning of your name promises: 54 centimeters and 3,290 kg of the purest magic and a set of hands that arrived to hold my own on this long road that we are now facing together.

 

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35 semanas

35 semanas

06

Olivia, tengo mucho tiempo sin escribirte y me siento un poco culpable. Mi intención con este blog siempre fue llevarte de la mano durante todas las ocurrencias del tiempo que viviste dentro de mí, sin embargo, no conté con el cansancio, las ocupaciones y las limitaciones de ser una mujer embarazada trabajando tiempo completo en estos tiempos. Muchas cosas han pasado desde la última vez que te escribí y sin embargo, todas suenan completamente irrelevantes para hablar en específico de ellas así que sólo haré una de mis famosas listas para resumirte este par de meses. No son famosas de verdad, pero si me preguntas a mí, deberían serlo.

  • Me salió mi primera estría. Y luego la segunda, la tercera y así sucesivamente hasta llegar a un número que mi frivolidad no me deja publicar (tampoco las he contado, porque es… bueno… imposible). A veces pienso que fue ingenuo de mi parte pensar que todas esas cremas y aceites que me hacían oler a postre las evitarían, pero yo genuinamente creía que las iba a poder evitar. La parte racional de mi cerebro me dice que no debo preocuparme por tal idiotez pero luego las veo y… bueno, mejor no digo más.
  • Finalmente tomé mi descanso pre-natal el viernes pasado, justo después de cumplir 34 semanas. Tengo que confesar que, contrario a lo que les he dicho a todos, trabajar embarazada ha sido una de las cosas más desafiantes que he hecho en mi vida (tampoco he hecho muchas cosas desafiantes, así que la barra no estaba muy alta). Sin embargo, también tengo que confesar que… lo extraño. No siempre he sido la más fanática de mi trabajo, pero le gana a estar encerrada en casa con mucha facilidad.
  • Tu papá sigue siendo el campeón que siempre supe que era, pequeña. Debes estar muy orgullosa de él, aunque para cuando leas esto, posiblemente él y no yo sea tu persona favorita en todo el universo (sin resentimientos). Básicamente hace todo lo que yo no puedo hacer y lo que sí puedo hacer, él lo hace mejor. Ahora, si sólo pudiésemos lograr que no dejara su ropa tirada por toda la casa al llegar, posiblemente tendríamos que esconderlo para evitar que lo clonen.
  • Tus abuelos maternos y paternos, bisabuelos y tía abuela llegan el 23 de Noviembre a México para tu nacimiento. Cumple 37 semanas el 22. Eso es todo lo que voy a decir, bueno, eso y por favor quédate adentro hasta que lleguen.

 

Olivia, it’s been a while since I last wrote to you, and I’m feeling a bit guilty about it. My intention with this blog has always been to take you with me during all the events from the time you lived inside me. However, I didn’t take into account the tiredness, activities and limitations of being a full time working pregnant woman during these times. Many things have happened since the last time I sat here and wrote to you and, somehow, they all sound completely irrelevant to specifically write a post about them. So I’m just going to make one of my world famous lists to sum up these past couple of months for you. By the way, my lists aren’t actually world famous but, if you ask me, they should be!

  • I finally got my first stretch mark. And then my second, my third and so on until they reached a number that my frivolousness is not allowing me to publish (I haven’t counted them either because it is.. well.. impossible to do so). Sometimes I think it was naive from me to think that all of those dessert-smelling creams and oils would avoid their appearance, but I genuinely thought they could do just that. The rational part of my brain tells me not to worry about such a stupid thing but then I see them and… well, I better stop talking.
  • I finally went into maternity leave last friday, just after reaching my 34 weeks milestone. I have to confess that, despite what I’ve been telling everybody, working while being pregnant has been one of the hardest things I’ve ever done (not that I’ve done that many hard things so that bar wasn’t that high). However, I also have to confess that… I miss it. I haven’t always been the biggest fan of my job, but it definitely beats being locked up at home any day now.
  • Your dad still is the champ I always knew he was, little girl. You must be so proud of him, although by the time you finally read this, he will probably be your favorite person in the entire universe, even above me (no hard feelings). He basically does everything I cannot do, and the things I can do, he does them better than me. Now, if he could only stop leaving all his clothes laying around when he gets home, then he’d be perfect and we’d probably have to hide him so that no one even thinks of cloning him!
  • Your complete set of grandparents, great-grandparents and great-aunt arrive in Mexico on November 23rd for your birth. I will be 37 weeks the 22nd. That’s all I’m going to say, well, that and please stay inside until they get here.
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Una tormenta tropical

Processed with VSCO with m5 preset
(pude haber borrado la antena en Photoshop pero.. me dio pereza)

Tengo que confesarte algo, Olivia: tengo cero talento para la fotografía. Antes en mis años mozos (?) pensaba que sí, pero me he dado cuenta de que todo fue un engaño y sólo era una adolescente con una cuenta de DeviantArt y la capacidad de descargar acciones de Photoshop por internet. Sin embargo, me propuse sobreponerme a ese pequeño detalle y llenar este blog de fotos lindas, o al menos decentes, para ti. Como podrás ver en este post, fracasé completamente. Pero al menos tengo una excusa. Franklin. Franklin es la excusa.

Verás, Olivia, desde que tu papá y yo emigramos a esta pequeña ciudad en la Riviera Maya hace poco más de un año, siempre existió la amenaza de tormentas o huracanes. Para mí, que vengo de una calurosa ciudad venezolana donde lo más impresionante del clima es que a duras penas y varía un par de días al año, resultaba emocionante. Sé que emocionante no es la palabra adecuada, considerando lo devastador que puede resultar un fenómeno natural de este tipo, pero muy en el fondo el prospecto de vientos huracanados y lluvias incesantes resultaba excitante para tu aburrida mamá tropical. Pero de nuevo, todo fue un engaño. La temporada de huracanes vino y se fue, sin causar mayor molestia y me quedé con los crespos hechos, esperando a la vaquita de Twister que supuestamente iba a salir volando en plena Mamita’s Beach. Tengo que admitir que me sentí un poco decepcionada, Olivia, hasta que anoche, mi estimado Franklin tocó tierra en la Península de Yucatán. Comenzó retumbando todas las ventanas de mi departamento temporal, metiendo agua por todos los orificios que logró conseguir y haciéndome sentir que vivo en un penthouse neoyorquino cuando en realidad resido en un humilde piso 3. Hoy, casi catorce horas después de que comenzaron las gotas, aún no deja de llover. Tu papá se fue al trabajo en canoa (en realidad un compañero heroico lo vino a buscar), yo dormí una hora extra y toda la ciudad parece un cuadro deprimente de charcos y palmeras decaídas. No sé si sentirme agradecida por la experiencia, o comprar un poncho. ¿Tú qué opinas, bebita?

(quizás deba comprar el poncho, pero ¿quién se atreve a salir con esta lluvia?)


 

I have to tell you something, Olivia: I have zero talent for photography. Before, when I was young (?) I thought I had some, but I’ve come to realize that it was all a deceit and the only thing I was remotely good at was downloading Photoshop actions from the internet and setting up a Deviantart account. Despite that, I decided earlier on that I was going to leave that aside and that I would try my hardest to fill up this blog with lovely photos, just for you. And as you’ll see on the top of this post, I failed. Completely. But hey, at least I have an excuse. Franklin. Franklin is my excuse.

You’ll see, Olivia, since your daddy and I moved to this little town in the Riviera Maya no more than a year ago, there was always the threat of hurricanes or tropical storms. For me, that I come from the hottest venezuelan city where the most impressive thing about the weather is how it just never changes, that sounded pretty exciting. Now, I know that exciting is not the best term, considering how devastating a natural phenomenon such as a hurricane can turn up to be, but deep down the prospect of strong winds and neverending rain sounded thrilling for your boring tropical mum. But again, it was all a deceit. The hurricane season came and went, without causing as much as a disturbance and left me still waiting for the Twister cow that was supposed to fly away over Mamita’s Beach. I have to admit I was a bit disappointed, Olivia, until last night, when my lovely friend Franklin came to the Yucatan Peninsula. He arrived with a bang, making all the windows of our temporary apartment crumble, getting water through even the smallest of holes and making me feel like I live on an 80th floor penthouse instead of my humble 3rd floor home. Today, almost fourteen hours after the rain began, it still hasn’t stopped. Your dad left for work on a canoe (actually, a heroic workmate came and picked him up), I slept an extra hour and the entire town looks like a depressive picture of puddles and sad palm trees. I don’t know if I should be grateful for the experience or try to buy a poncho. What do you think, babygirl?

(maybe I should go and get that poncho, but who the hell is going out with this rain?)

 

Olivia

Olivia

No tengo otra manera de comenzar esto, Olivia, que no sea con tu nombre. Sí, el mismo que me costó tanto decidir y que, de no ser por las hormonas, me habría mantenido despierta más de una noche, pensando en lo terrible que sería marcarte por el resto de tu vida con un nombre que te pese como una piedra. La verdad es que nuestra historia comenzó hace mucho tiempo: 21 semanas, según un ecograma, pero yo no había sido capaz de sentarme a escribirte. Me gustaría decirte que he estado ocupada (lo he estado) o distraída (lo he estado) o tener a la mano alguna excusa que me haga sonar interesante, pero la verdad es que este embarazo ha sido como un somnífero potente al cual a veces me cuesta mucho oponerme. Este embarazo ha sido muchas cosas, Olivia, pero te las iré contando poco a poco. Después de todo, aún falta mucho para conocernos y aunque el tiempo pase volando, sé que tú, más que nadie, sabrás tenerme paciencia.


I have no other way to begin this, Olivia, that isn’t with your name. Yes, that exact same name that took me so much to decide on and that if it hadn’t been for my sleepy hormons, would have me awake at night thinking how I could traumatize you with it. The truth is that our story began a while ago: 21 weeks, according to your latest ultrasound, but I hadn’t been able to sit down and write to you. I wish I could tell you I’ve been incredibly busy (I have) or incredibly distracted (I have), or at least have some great excuse that makes me sound like a cool mom, but the truth is that this pregnancy has been like a powerful sleeping pill I can’t resist. This pregnancy has been a lot of things, Olivia, but I’ll tell you about them little by little, sweet baby. After all, there’s still a long road ahead before we actually get to meet each other and even though time flies by, I know that you, from all people, will be patient with me.