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Una tormenta tropical

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(pude haber borrado la antena en Photoshop pero.. me dio pereza)

Tengo que confesarte algo, Olivia: tengo cero talento para la fotografía. Antes en mis años mozos (?) pensaba que sí, pero me he dado cuenta de que todo fue un engaño y sólo era una adolescente con una cuenta de DeviantArt y la capacidad de descargar acciones de Photoshop por internet. Sin embargo, me propuse sobreponerme a ese pequeño detalle y llenar este blog de fotos lindas, o al menos decentes, para ti. Como podrás ver en este post, fracasé completamente. Pero al menos tengo una excusa. Franklin. Franklin es la excusa.

Verás, Olivia, desde que tu papá y yo emigramos a esta pequeña ciudad en la Riviera Maya hace poco más de un año, siempre existió la amenaza de tormentas o huracanes. Para mí, que vengo de una calurosa ciudad venezolana donde lo más impresionante del clima es que a duras penas y varía un par de días al año, resultaba emocionante. Sé que emocionante no es la palabra adecuada, considerando lo devastador que puede resultar un fenómeno natural de este tipo, pero muy en el fondo el prospecto de vientos huracanados y lluvias incesantes resultaba excitante para tu aburrida mamá tropical. Pero de nuevo, todo fue un engaño. La temporada de huracanes vino y se fue, sin causar mayor molestia y me quedé con los crespos hechos, esperando a la vaquita de Twister que supuestamente iba a salir volando en plena Mamita’s Beach. Tengo que admitir que me sentí un poco decepcionada, Olivia, hasta que anoche, mi estimado Franklin tocó tierra en la Península de Yucatán. Comenzó retumbando todas las ventanas de mi departamento temporal, metiendo agua por todos los orificios que logró conseguir y haciéndome sentir que vivo en un penthouse neoyorquino cuando en realidad resido en un humilde piso 3. Hoy, casi catorce horas después de que comenzaron las gotas, aún no deja de llover. Tu papá se fue al trabajo en canoa (en realidad un compañero heroico lo vino a buscar), yo dormí una hora extra y toda la ciudad parece un cuadro deprimente de charcos y palmeras decaídas. No sé si sentirme agradecida por la experiencia, o comprar un poncho. ¿Tú qué opinas, bebita?

(quizás deba comprar el poncho, pero ¿quién se atreve a salir con esta lluvia?)


 

I have to tell you something, Olivia: I have zero talent for photography. Before, when I was young (?) I thought I had some, but I’ve come to realize that it was all a deceit and the only thing I was remotely good at was downloading Photoshop actions from the internet and setting up a Deviantart account. Despite that, I decided earlier on that I was going to leave that aside and that I would try my hardest to fill up this blog with lovely photos, just for you. And as you’ll see on the top of this post, I failed. Completely. But hey, at least I have an excuse. Franklin. Franklin is my excuse.

You’ll see, Olivia, since your daddy and I moved to this little town in the Riviera Maya no more than a year ago, there was always the threat of hurricanes or tropical storms. For me, that I come from the hottest venezuelan city where the most impressive thing about the weather is how it just never changes, that sounded pretty exciting. Now, I know that exciting is not the best term, considering how devastating a natural phenomenon such as a hurricane can turn up to be, but deep down the prospect of strong winds and neverending rain sounded thrilling for your boring tropical mum. But again, it was all a deceit. The hurricane season came and went, without causing as much as a disturbance and left me still waiting for the Twister cow that was supposed to fly away over Mamita’s Beach. I have to admit I was a bit disappointed, Olivia, until last night, when my lovely friend Franklin came to the Yucatan Peninsula. He arrived with a bang, making all the windows of our temporary apartment crumble, getting water through even the smallest of holes and making me feel like I live on an 80th floor penthouse instead of my humble 3rd floor home. Today, almost fourteen hours after the rain began, it still hasn’t stopped. Your dad left for work on a canoe (actually, a heroic workmate came and picked him up), I slept an extra hour and the entire town looks like a depressive picture of puddles and sad palm trees. I don’t know if I should be grateful for the experience or try to buy a poncho. What do you think, babygirl?

(maybe I should go and get that poncho, but who the hell is going out with this rain?)

 

Olivia

Olivia

No tengo otra manera de comenzar esto, Olivia, que no sea con tu nombre. Sí, el mismo que me costó tanto decidir y que, de no ser por las hormonas, me habría mantenido despierta más de una noche, pensando en lo terrible que sería marcarte por el resto de tu vida con un nombre que te pese como una piedra. La verdad es que nuestra historia comenzó hace mucho tiempo: 21 semanas, según un ecograma, pero yo no había sido capaz de sentarme a escribirte. Me gustaría decirte que he estado ocupada (lo he estado) o distraída (lo he estado) o tener a la mano alguna excusa que me haga sonar interesante, pero la verdad es que este embarazo ha sido como un somnífero potente al cual a veces me cuesta mucho oponerme. Este embarazo ha sido muchas cosas, Olivia, pero te las iré contando poco a poco. Después de todo, aún falta mucho para conocernos y aunque el tiempo pase volando, sé que tú, más que nadie, sabrás tenerme paciencia.


I have no other way to begin this, Olivia, that isn’t with your name. Yes, that exact same name that took me so much to decide on and that if it hadn’t been for my sleepy hormons, would have me awake at night thinking how I could traumatize you with it. The truth is that our story began a while ago: 21 weeks, according to your latest ultrasound, but I hadn’t been able to sit down and write to you. I wish I could tell you I’ve been incredibly busy (I have) or incredibly distracted (I have), or at least have some great excuse that makes me sound like a cool mom, but the truth is that this pregnancy has been like a powerful sleeping pill I can’t resist. This pregnancy has been a lot of things, Olivia, but I’ll tell you about them little by little, sweet baby. After all, there’s still a long road ahead before we actually get to meet each other and even though time flies by, I know that you, from all people, will be patient with me.